Mientras caminaba por las
calles de mi ciudad, observando con detenimiento los distintos atributos de los
árboles, para procurar discernir si cumplían con aquellos que Adonay considera
aceptos y determinar cuáles de ellos calificaban como candidatos para tomar de
sus ramas y así elaborar mi suká, me decía en mi corazón: yo quiero ser como
esos árboles que califican, quiero dar preciosos y abundantes frutos como esos
árboles de mango que abundan en las avenidas y plazas de mi ciudad, para que
todo el que se me acerque se alimente de las palabras de sabiduría que Adonay
ponga en mi boca Pro 3:13, 18; Pro 11:30-31. Quiero ser como aquellos árboles
frondosos y de extensas ramas para que Adonay me use como a su siervo Pedro,
cuando iban a él los enfermos y hallaban sanidad bajo su sombra Hch 5:15.
Mientras observaba unas
palmeras de tallos largos y bien rectos
en una de plaza que está al frente de la sede de gobierno, recordé la
enseñanza que Adonay nos da a través de esta familia de árboles y me decía,
quiero amar la rectitud como lo hacía el rey David Sal 26:12, quiero mantenerme
en rectitud en todo tiempo como lo hacen esas palmeras mientras crecen. También
al observar unos árboles con abundantes flores, en mis meditaciones pensaba,
quiero florecer como esos árboles que hermosean las calles y plazas de mi
ciudad, recordando que para Adonay la hermosura está relacionada es con su
santidad, es decir, la santidad es lo que nos hermosea 1Cr 16:29, Sal 96:8-9,
santidad que solo alcanza aquel que ama la sabiduría de sus palabras Pro 4:7-9.
De aquellos árboles que
calificaron tomé escogidas y hermosas ramas, y las llevé para mi casa y junto a
mi familia construimos nuestra Suká. Pero al pasar los días, ocurría algo que
me llamó mucho la atención con aquellas ramas tomadas de aquellos árboles que
yo admiraba. Cada día el suelo donde tenía mi suká amanecía con las hojas que
caían de aquellas ramas, también veía como las hojas iban perdiendo su verdor,
y cada vez estaban más secas y arrugadas, pues iban perdiendo el agua que
recibían cuando estaban adheridas a esos hermosos árboles de los que procedían.
Las flores se marchitaron y se caían, por lo que se iba perdiendo la hermosura
que aquellas ramas que al principio hermoseaban y adornaban mi suká. Aquellas
ramas que al principio yo admiraba, y me animaban a ser como ellas, ahora me
producían tristeza y me traía el recuerdo de muchas advertencias, pues me
acordé de las palabras de Yahshúa cuando le dijo a aquellas 12 ramas que
siempre le acompañaron, es decir, a sus apóstoles: “Yo soy la vid y vosotros
soy las ramas, y separados de mi nada podéis hacer” Jua 15:5. También Yahshúa
les dijo: “Toda rama que dice estar conmigo y no lleva fruto, mi Padre la
cortará, y aquella rama que sí lleva fruto, mi Padre la limpiará para que llevé
más fruto” Jua 15:1-2. “El que en mí no permanece, se secará y será echado al
fuego” Jua 15:6.
La nueva condición de las
ramas de mi Suká eran el reflejo de lo que sería mi vida y mi familia, si no
permanecíamos en el amor y en las enseñanzas de Yahshúa Jua 15:7-10. Aquellas
ramas mientras estaban adheridas a los árboles se mantenían vivas, recibían su
alimento, el agua y la savia. Pero ahora que estaban separadas del árbol, ya no
recibían su alimento y estaban muriendo. El agua que usa Yahshúa para
alimentarnos y limpiarnos es su palabra Jua 15:3, es la toráh de su Padre,
porque Yahshúa no vino a destruir la torah que su Padre había enseñado a su
pueblo, sino a cumplirla Mat 5:17, y así demostrarle a los hombres, que si se
puede vivir en la tierra como un hombre justo y santo para que sea vista la
hermosura de la santidad en ellos 1Co 11:1, lo cual se logra a través de la
obediencia de los preceptos de la toráh, es decir, guardando todos sus
estatutos y mandamientos Lev 20:7-8, Heb 12:14.
Espero que usted también haya
aprendido algo de santidad de su suká, porque si no aprendió de ella, entonces
está perdiendo su tiempo, y su celebración no está agradando a Adonay, sino que
es como aquellas celebraciones que realzaba su pueblo insensato en el pasado y
que Adonay ya no soportaba más Isa 1:13-14.

Publicar un comentario