Una de las enseñanzas que nos dejó nuestro padre Abraham sobre el propósito de la celebración de Sukót
Abraham nuestro padre
escribió en un libro de su autoría (La historia de un vaso Lhduv), los detalles
ocurridos en aquella guerra en la cual Adonay le permitió liberar a Lot y a su
familia de la cautividad Gén 14:14, usando como arma un vaso con una llama que
representaba la presencia y el respaldo de Yahshúa (Lhduv 9:19-21). Uno de los
detalles que en ese escrito se menciona, es que aquella gran liberación ocurrió
en Yom Terúah, y el sonido de las trompetas fue lo que produjo un gran
despertar, a unos para liberación y a otros para confusión y destrucción (Lhduv
4:18-21). Abraham recordó que en esos días tenía que celebrar la fiesta de los
tabernáculos o Sukot la cual decidió celebrar en Salém (Lhduv 5:3). Antes de
celebrar la fiesta de Sukot, Abraham bajó al río Jordán/Yardén y por 12 días
purificó en aquellas aguas a todo el grupo que con él iba a celebrar la fiesta,
y esto fue como un preparativo para esta celebración (Lhduv 5:5, 8).
Es impresionante, pero de
toda aquella gente que recibió la liberación, solo Lot y sus dos hijas menores
aceptaron purificarse en las aguas del Jordán/Yardén como señal de
agradecimiento, y comenzar una nueva vida como siervos de Adonay (Lhduv 5:6).
Abraham celebró Sukót en la ciudad de Salém, donde reinaba el rey y sacerdote
Melquisedec/Malkitsédeq (rey de justicia) a quien él entregó los diezmos Gén
14:20. Durante la celebración de aquella fiesta, Abraham fue advertido por una
revelación profética que recibió del rey Malkitsédeq: que en siete años
ocurriría una gran destrucción en las ciudades de la planicie, en donde se
encontraban Sodoma/Sedom y Gomorra/Amoráh. Era necesario que Abraham le
advirtiera a aquellas ciudades de esa futura destrucción, para que a un
remanente dispuesto le alcanzara la salvación. Adonay puso en las manos de Abraham
1,440 perlas (el 1% de los 144,000 sellados), y de ellas fue que Abraham
entregó el diezmo. Las perlas más preciosas fueron para Malkitsédeq (Lhduv
6:8). El rey de Salém le dijo a Abraham que esas perlas que tenía en sus manos,
era para entregarlas a aquellos que dispusieran sus corazones para recibir el
mensaje de salvación que vendría del Mesías Salvador, de manera que fueran
salvos de la futura destrucción. Adonay solo libraría de aquella destrucción a
aquel que recibiera de Abraham (sacerdote) y sus pastores una de esas perlas
junto al mensaje que le iba liberar y purificar (Lhduv 6:11, 8:1).
Abrajam cuenta que estaba muy
preocupado, porque ya se le estaban acabando las perlas y su esposa Sarái no
había querido recibir la suya (menospreciaba su perla de salvación Lhduv 8:2,
8-9). Esto nos recuerda una vez más las sabias palabras de Yahshúa, que no hay
profeta más menospreciado que en su propia casa y en su propia tierra Mar 6:4.
Adonay tuvo misericordia de Sarái y dispuso su corazón para que al final de los
días recibiera una de ellas (Lhduv 9:7-28).
El rey Malkitsédeq le reveló
a Abrajam que aquella profecía sobre las ciudades de la planicie, donde fueron
destruidas luego Sedóm y Amoráh (Génesis Cap. 19). Sería sombra de una profecía
que se iba a cumplir en los tiempos finales. Pero este será un tema para otra
ocasión.
¿Usted dirá que enseñanza nos
da esa celebración de Sukót hoy? Estamos viviendo tiempos similares a los que
vivió Abrajam en el pasado, es decir, Adonay nos está advirtiendo que en solo
algunos años viene sobre la tierra una gran destrucción. También Adonay en este
tiempo nos está entregando preciosas perlas para que seamos salvos de esa
destrucción. ¿Cuáles son esas perlas preciosas? Esas perlas son las enseñanzas
que Adonay nos está dando en este tiempo y que están preparando nuestro corazón
para que Yahshúa reine en nuestro corazón, y para que delante de Adonay su
Padre brillemos y seamos preciosos como esas perlas. Todo el que reciba hoy con
mansedumbre y disponga su corazón para guardar esas enseñanzas, será libre de
la futura destrucción.
Ustedes son hoy llamados a
recibir y también distribuir esas perlas, porque es tiempo ya que Adonay ponga
el sello a los suyos para que no sean destruidos Apo 7:1-3, pues solo recibirán
su sello, aquellos que reciban su perla. Pero recuerden algo importante, solo
den esas perlas a aquellos en los cuales haya humildad y anhelo por servir al
Creador. No den esas perlas a los perros y a los cerdos no sea que vengan ellos
y le despedacen Mat 7:6, así como despedazaron a Esteban tras haber procurado
compartir una de sus perlas con unos libertos que son como los que hoy
defienden el libertinaje y se oponen a la torah y a la santidad Hch 6:9.

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